Picasso y el museo

on 13 Febrero 2018

Esta exposición pretende recrear el museo como fuente de inspiración para la obra de Pablo Picasso, un aspecto poco estudiado hasta la fecha. Picasso visitó por primera vez el Museo del Prado con 13 años y allí pudo contemplar la obra de grandes maestros españoles como Zurbarán, El Greco, Velázquez o Goya, entre muchos otros.

En su época de formación, llegó a pasar ocho horas al día en el Prado copiando a los grandes pintores. Pero, sin duda alguna, la obra del Prado que más le fascinó fue Las Meninas de Velázquez, un cuadro del que en 1957 llegó a realizar 58 versiones diferentes.

En el caso de El Greco, Picasso vio por primera vez con 17 años un cuadro que supuso todo un descubrimiento para él. En 1897, visitó Toledo junto con los compañeros de la Academia de Bellas Artes de San Fernando y allí contempló en la Iglesia de Santo Tomé El entierro del conde de Orgaz, una obra que ejerció una gran influencia a lo largo de toda su carrera artística.

Al instalarse en París, visitó con frecuencia los museos de la ciudad, y fue el Louvre su gran centro de referencia. Son varios los testimonios que afirman que Picasso visitaba asiduamente esta institución para recorrer sus salas, tanto de arte antiguo (con especial atención al arte ibero), como las dedicadas a los grandes maestros.

Françoise Gilot narra en sus memorias una visita de Picasso al Louvre en 1947 invitado por su director y en la que, con motivo de una donación de diez cuadros suyos, pudo confrontar estas obras a las de sus admirados Zurbarán, Delacroix y Courbet. Una de estas pinturas de Delacroix, Las mujeres de Argel, fue objeto en 1955 de la realización de 14 versiones por parte de Picasso. Y es que una de las mujeres de este cuadro presentaba un gran parecido con Jacqueline, su última esposa. También fue en el Louvre donde Picasso pudo contemplar la Olympia de Manet confrontada a la Gran Odalisca de Ingres, unas obras que fueron una continua fuente de inspiración.

Precisamente, Ingres fue otro de los grandes maestros que suscitó una mayor atención por parte de Picasso. Hay documentadas tres visitas a su museo en la localidad francesa de Montauban, donde pudo contemplar bocetos de El baño turco, al que dedicó toda una serie de grabados.

Otro museo parisino que ejerció una gran influencia en su obra fue el del Trocadero, donde acudió en 1906 por recomendación de su amigo, el artista André Derain, y donde conoció el arte primitivo, una iconografía que plasmaría en su cuadro Las señoritas de Aviñón, inicio de su periodo cubista. Esta exposición incluye el cuaderno de bocetos que dio origen a esta obra maestra de la historia del arte.

Rembrandt y Degas fueron otros dos grandes artistas a los que admiró Picasso. El pintor holandés apareció por primera vez en la obra de Picasso en 1934 en la Suite Vollard y desde entonces fue una constante, hasta el punto de que llegó a firmar uno de sus famosos mosqueteros con el nombre de Domenico Theotocopulos van Rijn da Silva, en referencia a ese trío de artistas compuesto por El Greco, Rembrandt y Velázquez. En cuanto a Degas, aparece en 35 grabados de la Suite 156.

Otro de sus referentes fue Rafael, cuya obra pudo contemplar tanto en el Prado como en el Louvre y en su viaje a Roma. Picasso conoció por el poeta Rafael Alberti los amores entre Rafael y la Fornarina, un tema que había retratado su admirado Ingres y al que Picasso dedicó 25 grabados en la Suite 347.

Todo este universo se ve reflejado en esta exposición, comisariada por Javier Molins, que cuenta con cerca de 200 obras procedentes de instituciones tan prestigiosas como el Museo Picasso de Barcelona, la Fundación Bancaja, la Fundación Picasso (Museo Casa Natal) de Málaga o la colección privada de Francisco Fandos.

Picasso y el museo
Hasta el 16 de mayo
Círculo de Bellas Artes
C/ Alcalá, 42 – Madrid
Más información:
www.circulobellasartes.com

¡Atención! Este sitio usa cookies y tecnologías similares.

Si no cambia la configuración de su navegador, usted acepta su uso.

Acepto